
Un grupo de chicos juega al fútbol en una calle tranquila mientras empieza a ponerse el sol. El polvo se levanta bajo sus pies, las sombras se alargan y un arco improvisado de madera enmarca el partido.
Hasta que Oscurezca recuerda la libertad de esas tardes de infancia sin otro plan que seguir jugando mientras quede luz. Las paredes viejas, los árboles, las casas del barrio y el terreno irregular hacen que la escena se sienta vivida y cercana.
El cielo cálido y la pincelada expresiva convierten un partido entre amigos en una memoria de infancia, amistad y pertenencia.








